MEDIO AMBIENTE

Recuperar la vida marina: ahora o nunca

Estudios recientes indican que los ecosistemas oceánicos podrían salvarse para el año 2050, pero solo si actuamos ahora

Los datos del informe del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) presentado en el 2018 son muy preocupantes: en los últimos 50 años la población de mamíferos, aves, peces, reptiles y anfibios en los océanos ha disminuido un 60%. Sin embargo, un último análisis publicado en la revista Nature, concluye que un esfuerzo a nivel internacional podría servir para restaurar los ecosistemas agotados, reestructurarlos y recuperar sus funciones para el año 2050.

Eso sí, para que esto fuera posible, los gobiernos, las industrias, las empresas privadas y la sociedad tendrían que aunar energías y dedicar todo tipo de esfuerzos, tanto económicos como sociales, para garantizar la supervivencia de la vida marina. De todo esto depende que en el futuro leguemos un océano lleno de vida o uno irreversiblemente agotado.

La esperanza reside en la observación de que la disminución de la vida marina se ha ralentizado en las dos últimas décadas, con lo que se podría aprovechar este descenso progresivo durante los próximos 20 o 30 años para dotar a los océanos de nueva vida. Esto dependería de la minimización del cambio climático y la puesta en marcha de intervenciones testadas previamente a escala masiva.

Estas intervenciones consistirían en labores como la protección de especies, la pesca controlada, la protección de espacios marinos, la restauración de hábitats para encontrar acomodo a especies en peligro y la reducción de la polución para dejar de aumentar la temperatura del agua y variar sus propiedades.

Para establecer la conclusión de que todavía queda tiempo de actuación, los responsables del análisis cartografiaron la distribución y el crecimiento de varios componentes del ecosistema marino, las poblaciones de peces, la megafauna y las especies de aguas profundas.

En cambio, no todo son buenas noticias. Para los arrecifes de coral tropicales, la recuperación más realista es tan solo la parcial, ya que la acidificación de los océanos se antoja inevitable, debido sobre todo al exceso de gases de efecto invernadero ya presentes en la atmósfera.

Además, la vida marina en su conjunto no se recuperará para el 2050 a menos que logremos que las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera se reduzcan incluso más que las previstas en el Acuerdo de París de 2015, que entraron en vigor este año en sustitución al Protocolo de Kioto y que establece medidas para la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.

Estos acuerdos consisten en:

  • Mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2 °C con respecto a los niveles preindustriales, e incluso continuar trabajando para limitarlo a 1,5 °C, ya que ello ayudaría a reducir los riesgos y los efectos del cambio climático

 

  • Aumentar la capacidad de adaptación a los efectos adversos del cambio climático y promover la resiliencia al clima y un desarrollo con bajas emisiones de gases de efecto invernadero, de modo que no comprometa la producción de alimentos.

 

  • Elevar las corrientes financieras a un nivel compatible con una trayectoria que conduzca a un desarrollo resiliente al clima y con bajas emisiones de gases de efecto invernadero.

En definitiva, la reconstrucción de la vida marina y la lucha contra el cambio climático, en general, representa un gran desafío para la humanidad. Se trata de un reto factible que conlleva una obligación ética y unos esfuerzos económicos y humanos de gran magnitud, pero los beneficios de cara al futuro son inconmensurables.